El sol del verano aporta un saludable color tostado, que a la vuelta de las vacaciones nos interesa conservar. Pero como efecto colateral la piel puede regresar con un aspecto más apagado y grueso de lo acostumbrado. Se trata de una de las consecuencias del cambio de rutina, tomar el sol de forma inadecuada o excesiva y una alimentación más relajada.

Entre otras técnicas de medicina estética que permiten recuperar la epidermis, desde el IEEA recomiendan una de probada eficacia, el tratamiento a base de plasma rico en factores de crecimiento o plaquetas.

¿Cómo funcionan las plaquetas? Empleando las plaquetas como vehículo se liberan controladamente diferentes señales celulares que aceleran y optimizan la reparación de los tejidos dañados. Dado su contenido en proteínas, las plaquetas ayudan a la regeneración tisular y estimulan la actividad celular, evitando riesgos de alergia al ser una sustancia propia.

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El origen de esta terapia se encuentra en el mundo deportivo de élite, en el que esta terapia surgió como un método para recuperar las lesiones de una forma más rápida y eficaz. Poco a poco ha ido popularizándose para traspasar los límites del ámbito profesional y llegar a la estética.

¿Cómo transcurre una sesión? Para llevar a cabo el tratamiento se parte de la extracción de sangre del paciente. A continuación, se centrifuga en el mismo momento para separar los hematíes de las plaquetas, junto con el resto de fases que componen el líquido. Una vez quedan aisladas ya sólo queda liberar las proteínas, con una concentración entre 3 y 5 veces superior a la presente de forma natural, a través de su inoculación. Para ello, se infiltran en la piel mediante pequeños pinchazos con una aguja muy fina, resultando un tratamiento de una hora aproximadamente prácticamente indoloro. La recuperación del paciente es inmediata, volviendo a sus actividades habituales de inmediato. El número de sesiones depende de cada caso pero, normalmente, se requieren tres con una separación entre ellas de un mes. El mantenimiento varía entre una o dos sesiones al año.

A diferencia de otras terapias, los resultados se comienzan a percibir unas 24 horas después, incrementando sus efectos de forma progresiva en los días siguientes. El resultado es una piel que se percibe más elástica y gruesa, al haberse visto reforzado su sostén tisular. Además de la cara, este tratamiento se puede aplicar en cuello y escote, zonas muy castigadas por los factores externos y que, como resultado, muestran antes los signos del envejecimiento prematuro.

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